El Domingo

Foto Instagram: @javierphotogamma


   Como todos los días cada día, cada fin de semana, el último día o el primer día según la religión. El día más aburrido de todos. El domingo. 
   Nadie quiere al domingo. Desde chico los odiaba porque tenía que ir a misa, escuchar al cura, hacer las "tareitas" que nos dejaban los catequistas.  
   Más de grande, y con un poquito de madurez, las tardes se convirtieron en las tardes más aburridas del universo. De la cama al almuerzo; del almuerzo a la vereda; de la vereda a la tele; del tele a la mini siesta de 4 horas; de la mini siesta de 4 horas al tele, o en el peor de los casos, al seguimiento con la vista de las volteretas en el aire de una mosca; y así todo el día hasta la cena y a la cama.  
   Las semanas pasaban y los días domingo seguían siendo lo que siempre fueron, domingos.  
   Ya casi llegando a la mayoría de edad esos días se convirtieron en resaca, días que se pasaban obligadamente en la cama, o en la mesa cabeceando como Palermo en sus mejores tiempos pero sin pelota.  
Si, hoy también es domingo según mi calendario. 
   Pero hoy es totalmente distinto al resto de los domingos. Este domingo es el más esperado de todos.
   Las calles se vaciarán esta tarde, o quizá parcialmente porque puede que halla alguna madre paseando a algún que otro nene o los clásicos "fierreros" que no les gusta el fútbol y apenas conocen a Messi y Maradona.  
   La mayoría de la gente a quedará en su casa expectante, esperando la hora indicada para que algún hombre con una remera con una banda roja cruzada en su pecho o una azul con una tira de color oro en horizontal patee la pelota para que millones de almas pongan en juego su corazón durante 90 minutos. Sólo 90 (noventa) minutos, sí.  
   "Son sólo 22 tipos corriendo atrás de una pelota", diría con una sonrisa burlona mi novia. "Es sólo un partido, ¿Por qué te vas a poner así?", preguntaría mi vieja. "Bueno, no pasa nada hijo, habrá que ver a Boquita", me alentaba mi viejo cuando veíamos perder a la selección en la era Batista durante las eliminatorias para Sudáfrica y sabía que me dolía. El único que entendía lo que me pasaba. 
   Los nervios van a hacer temblar el mate que de mano en mano se va a pasar como para acompañar el momento; los comentarios de viejos partidos y viejas anécdotas surgirán en la previa; entre amigos rivales nacerán las apuestas de asado, fernet Branca de litro o lo que sea que se ponga en juego si llega a ganar alguno; aparecerán los "videntes" diciendo que Boca va a ganar por 2 a 0 con goles de Carlitos, o River por 2 a 1 con goles de Driussi en el primer tiempo y Ponzio en el final, y el empate de los "bosteros" de parte de "alguno de esos pechos fríos que tienen". A lo mejor si el partido está entretenido se escucharán gritos de gol desde las casas de los vecinos, lamentos y las siempre presentes puteadas acordándose de las madres, hermanas y abuelas de los jugadores o entrenadores.  
   El fútbol hace muchos amigos y también los deshace por un ratito, sólo por una hora y media. Nada más.  

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