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La nota destacada de la semana!

Alguien que te eneseñe a amar

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Me tuve que bancar mirar las tribunas, cómo cantaban enloquecidas, el relator y el comentarista que hacían de los ojos que los que no pagaban codificado y el marcador que mostraba como iba el resultado del partido; me tuve que bancar la cara de culo de mi vieja y a medida que iba creciendo también la de mi novia porque me quedaba encerrado mirando a "22 tipos corriendo atrás de una pelota"; me tuve que bancar escuchar la fritura de la radio que me dejaba doliendo la cabeza en el trayecto del viaje a Mar del Plata sólo para ver cuando agarraba señal y así poder escuchar un ratito del relator desaforado de tanto gritar por que ibas donde ibas la gente te seguía con una fiesta detrás; disfruté los bailes que ofrecías con Juan Román y compañía en la infancia, o los partidos de la Copa Libertadores o la Sudamericana sufridos no aptos para cardíacos ganando en el final; me la jugué cuando a pesar de que mi viejo no andaba bien de guita le pedí la de Palacio con el nuevo esponso…

¿Para qué era que queríamos ser grandes?

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Nacemos, crecemos, maduramos, seguimos creciendo, seguimos madurando, peinamos canas y ganas. 
   Seguimos madurando. Ya no jugamos, nos parece que ya no debemos hacerlo, ya somos grandes, no es para nosotros. Sólo debemos trabajar, entrar en el sistema que tanto odiamos; la burocracia; las largas colas; las cuentas que se convierten en deudas; nos convertimos en deudores, en morosos. 
   Ya no nos tienen compasión ni comprensión. La excusa de la edad desaparece y nos quejamos, nos quejamos más de lo normal.  
   Tenemos sueño, mucho sueño y muchos sueños. Nos damos cuenta que hay cosas que no se pueden realizar, cosas que no vamos a poder alcanzar ni siquiera viviendo dos vidas juntas. Aprendemos a valorar el tiempo, ya no es tanto como pensábamos. Calculamos los años, ¿cuánto me queda? Conocemos el significado de utopía.  
   Logramos meternos en la cabeza el hecho de que algún día moriremos. No nos importa, no lo tenemos presente, no tenemos tiempo para pensar esas cosas. Pensamos que …

Nada es como antes

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Nada es como antes. Los días no son los mismos ni las personas tampoco. Este domingo no será como el domingo anterior, ni como el anterior, ni como el anterior al anterior y así de seguido.

Los años pasan, algunos se dejan la barba, otros se cortan el pelo; unos arrancan la Facultad, otros se mudan, se ponen de novios, se casan, se comprometen; otros cambian de gustos, de repente le empiezan a tomarle gustito al hígado con cebolla que antes no les gustaba, el mondongo no les sabe tan feo, aunque le gusten las rubias por ahí ahora una morocha zafa; y unos cuantos dejan de lado las excusas y empiezan de una vez por todas el gimnasio.

Vivimos recontra recontra RE contra comunicados, sin embargo no le damos bola al que está al lado ¿Eso es realmente estar comunicados?

Hoy seguramente sea un día muy pero muy distinto al que ayer. Entonces ¿Por qué seguimos pensando que la Navidad o el año nuevo no va a ser "como los de antes" si hay un año o más de diferencia? Es una obviedad…

El Domingo

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Como todos los días cada día, cada fin de semana, el último día o el primer día según la religión. El día más aburrido de todos. El domingo. 
   Nadie quiere al domingo. Desde chico los odiaba porque tenía que ir a misa, escuchar al cura, hacer las "tareitas" que nos dejaban los catequistas.  
   Más de grande, y con un poquito de madurez, las tardes se convirtieron en las tardes más aburridas del universo. De la cama al almuerzo; del almuerzo a la vereda; de la vereda a la tele; del tele a la mini siesta de 4 horas; de la mini siesta de 4 horas al tele, o en el peor de los casos, al seguimiento con la vista de las volteretas en el aire de una mosca; y así todo el día hasta la cena y a la cama.  
   Las semanas pasaban y los días domingo seguían siendo lo que siempre fueron, domingos.  
   Ya casi llegando a la mayoría de edad esos días se convirtieron en resaca, días que se pasaban obligadamente en la cama, o en la mesa cabeceando como Palermo en sus mejores tiempos pero sin…

Simplemente Gracias!

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A pocos minutos de cumplir años me pareció un momento oportuno para agradecer, pero de una manera especial...

Quería agradecer por cada lector frecuente o persona curiosa que se molestó en hacer un clic para chusmear cómo era el blog, de qué se trataba lo que escribía.

Quiero agradecer a cada uno que leyó alguna de mis notas y se sintió identificado, que rió o lloró o hizo minimamente un poco de catarsis con unas líneas de alguien que no tiene idea de la vida y solo escribe como un hobbie. Alguien que ama lo que hace.

Quiero agradecer a todos ustedes de parte de Charlas de Té
Gracias!

Con el paso del tiempo ...

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Saquémonos las caretas

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Cuando eras chico hacías muchas boludeces. Demasiadas. 
No te daba vergüenza hacerlas, te sentías bien, era tu manera de ser y no te dabas cuenta, o ni siquiera pensabas en lo que pensaba el resto. En realidad no existía el pensamiento del otro. No importaba si un adulto, niño, niña, perro, gato o pokemón pensara lo que pensara de vos; vos seguías pensando de la misma manera y haciendo las mismas cosas sea donde sea.
Total, ¿Quién se iba a querer interponer entre vos y tus actitudes que no sean tus padres o señoritas?  La inhibición no predominaba en ningún aspecto de la vida, al menos en ese momento. Nadie era capas de imponer su presencia para que uno se limitara a hablar de que Pablito te robó un ladrillito de rasti a otro compañerito, o que Valentina se hizo pis encima, o que Santi hizo un castillo re re re grande cuando fue a la playa con su hermano y sus papás el fin de semana. 
¿Quién iba a pensar que algún día alguien , o quizá la vida, nos iba a enseñar que hay que guardarse …

El Mate Viajero (Segunda Parte)

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La no bienvenida a los mormones jugando a las escondidas en la casa; los anteojos de sol que imponen respeto, estilo y ocultan las ojeras; la tierra que levanta el camión que pasa por las tardes; las macetas de cemento viejas y partidas; los papeles de  la quiniela que no encontraron a su ganador; la flor más linda de la vecina y el gato que mira desde dentro por la ventana; las conversaciones ajenas que siempre quisimos escuchar; el cenicero sucio lleno de filtros; la incomodidad de barrer una escalera; la identidad que te da un título universitario ante la sociedad; los martes 13, la sal que se cae o se pasa de mano en mano, los gatos negros y el puente que forman las escaleras y nadie se atreve a atravesar; la corrida que se inicia cuando abre el semáforo y estás a mitad de la senda peatonal; el quiosco y el kiosco; el silbido de los frenos del camión y el silbido del buen humor; la vieja que con lentes de sol y teñida de rubia se siente una pendeja; los garzos frescos en la v…